jueves, 5 de julio de 2007

Al que eyacula, Dios le ayuda

No es que está antipático, irascible, sensible, ni nada parecido, por tener que madrugar; prefiero madrugar un poco mas y tener las tardes libres, aunque las pierda durmiendo. Mi padre siempre dice que todo el que entre a trabajar antes de las 9 de la mañana es un desgraciao, aunque sea ministro. No le falta razón pero, repito, no estoy de mal humor por tener que madrugar.
Solo me pregunto porque la gente, al otro lado de la mesa o del teléfono, es tan impertinente. ¿Están enfadados por tener que madrugar y ser unos desgraciaos? Es su problema, que no me molesten, que yo llevo muy bien mis madrugones, a pesar de los pesares.

2 comentarios:

raul dijo...

Esa sabiduría paterna....estoy de acuerdo al 100%. Que a mí el horario de verano me cuesta horrores porque raramente me voy al catre antes de las 00 y si tengo que entrar a las 8...

Eso sí, la hora y media de siesta no se la salta un calé...

Arwen dijo...

Pues a mí me va ¿gustando? Bueno, odio los madrugones, la verdad, pero prefiero tener toda la tarde libre y hacer lo que me dé la gana, incluso evito las siestas (no siempre, alguna cae). Y soy de las que está amable desde que llego a la oficina, porque como bien dices, el que me tenga que escuchar no tiene la culpa de mi madrugón. Espero que, por tu queja, tú también seas de los que hablas al teléfono con una sonrisa, que se nota.